Pinto y tatúo, desde la pulsión inexplicable por rayar las paredes hasta la necesidad ancestral de apropiarnos de nuestro cuerpo y decorarlo o marcar nuestras vivencias y anhelos en él. Mi pulsión primigenia por pintar paredes fue escalando la proporción hasta llegar al gran formato, la temática ha sido siempre la misma, pinto mujeres gigantes, poderosas, complejas, duras y vulnerables al mismo tiempo que representan historias personales, memorias, cuestionamientos, miedos, alegrías y sensaciones cargadas de símbolos y figuras míticas andinas. Pinto mujeres como una respuesta subversiva ante el discurso dominante en la representación histórica de las mujeres, soy una mujer que se pinta a sí misma y su reflejo en otras mujeres. El propósito de mi trabajo es reivindicar la representación gráfica de lo femenino y de la mujer en el espacio público formada y deformada por los sistemas de representación cultural hegemónicos.
 
Mi relación con lo mágico y el misterio siempre ha sido un anhelo que he satisfecho a través del arte; mi proyecto de tatuajes Rituales Mínimos es la comunión entre lo espiritual y mi práctica artística; tatúo a mano, sin máquina, punto por punto; cada tatuaje va acompañado de un ritual específico y personal diseñado por mí, se trata de un dispositivo para hackear la historia personal y la realidad; el día de la sesión asumo el papel de bruja y junto con la persona realizamos el ritual en donde conjuramos hechizos que se gravan en la piel.